El don de profecía consiste en hablar en lugar de Dios. Dios inspira a las personas que tienen este don para comunicar o enseñar algo a la congregación y/o a los no creyentes. Las personas con este don suelen ser grandes oradores y sus mensajes se apegan mucho a la palabra de Dios y están llenos de verdad y guía.
No consiste solamente en predecir eventos futuros. Esto puede ser parte del don, pero no es esencialmente eso. Hoy en día muchos se autodenominan profetas y predicen eventos, milagros que sucederán, prometen cosas a los miembros de la congregación (principalmente relacionadas con sus diezmos y ofrendas) e incluso se atreven a predecir catástrofes naturales; y cuando estas no suceden se escudan en que los involucrados oraron e hicieron cambiar de opinión a Dios o que no recibieron las bendiciones prometidas porque no lo hicieron con suficiente fe.
Dice en Deuteronomio 18:20:
El profeta que tuviere la presunción de hablar palabra en mi nombre, a quien yo no le haya mandado hablar, o que hablare en nombre de dioses ajenos, el tal profeta morirá.
¿Estarían estos profetas de hoy en día dispuestos a probar la veracidad de su título aún cuando esto significara su muerte? Estos profetas de hoy, “profetizan” solamente pensando en enriquecerse y aprovecharse de la necesidad de la gente. El profeta, según 1 Corintios 14:3, habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación; y no es eso precisamente lo que vemos en los profetas de hoy.
Si quiere conocer realmente si un profeta es o no es de Dios, deberá cumplir con varios requisitos: sus profecías siempre, SIEMPRE deberán cumplirse, debe hablar basado en la palabra de Dios, su intención debe ser edificar, exhortar y consolar; y sus profecías o mensaje deben ser claros, específicos y no ambigüos. Yo, en lo personal, no conozco ningún profeta hoy en día.
El don de discernimiento de espíritus se refiere a la capacidad de determinar si algo proviene de Dios o de otro poder espiritual. Tenemos que entender que vivimos en una batalla espiritual, no carnal; y hay potestades interesadas en que no se cumpla la voluntad de Dios en nuestras vidas. Las personas con este don, pueden detectar fácilmente cuando una enseñanza, mensaje o actitud no está siendo influenciado o motivado por el Espirítu Santo; sino que tiene un origen pecaminoso o influenciado por Satanás en busca de algo ajeno a la voluntad de Dios. Lastimosamente las iglesias pentecóstales exageran demasiado este don, y ven demonios por todos lados: en las malas actitudes, enfermedades, programas de televisión y a veces hasta en los churros de los niños. Sí hay una guerra espiritual, sí existen los demonios; pero no todo es por causa de ellos y debemos aprender a no ser tan extremistas; porque de lo contrario, en vez de acercar al no creyente, lo espantaremos.
Y por último, quisiera referirme al don más conflictivo de la actualidad: el don de lenguas. Se dicen tantas cosas de este don hoy en día, la mayoría de ellas (por no decir todas) muy alejadas de la verdad que la Biblia enseña. Primero, la manifestación misma del don ha sido distorsionada de tal forma que en vez de ser un don que alcance personas para Cristo, más bien infunde rechazo, burla y mayormente temor. Los pentecóstales afirman que este don consiste en hablar lenguas angélicales, desconocidas en este mundo y que solamente el Espiritu puede interpretar (aquí entra, según ellos el don de interpretación de lenguas); es una forma en que nuestro Espirítu se comunica con el Padre para así evitar que nuestras oraciones sean estorbadas por fuerzas malignas. Suena muy interesante todo, lástima por ellos que la Biblia enseña algo muy distinto.
En primer lugar, en ningún pasaje en la Biblia se dice que podamos hablar algún tipo de lenguaje angelical, el único verso que menciona algo similar está en 1 Corintios 13:1 donde dice
Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe.
En este versículo Pablo dice “si yo hablase”, es un supuesto, no algo real; y podemos confirmarlo por lo que dice en el versículo 2:
Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy.
Dice que si entiendese todos los misterios y toda ciencia, es un supuesto, ¡solo Dios puede hacer eso! Además de este versículo, no existe otro en la Biblia donde se haga referencia a lenguas angelicales. Lo que si vemos en la Biblia es como era el don de lenguas, en el capitulo 2 del libro de los Hechos vemos que Pedro se para frente a una multitud a predicarles el evangelio y cada uno de los oyentes escucha el evangelio en su propio idioma natal, este es el verdadero don de lenguas. El don de lenguas consiste en la capacidad de poder hablar una lengua extranjera que no conocemos, por medio del Espíritu Santo, para beneficio de los oyentes. En 1 Corintios 12:10 dice “diversos géneros de lenguas”, se refiere a una variedad de lenguas y no solamente a una, o mejor dicho, a unas cuantas palabras que es lo que los pentecostales hacen hoy.
Como el evangelio debía ser propagado por toda Europa y Asia, este don se volvió necesario y sumamente útil para lograr esta tarea; hoy en día, aunque pudiera aparecer, no es tan necesario como antes.
Un punto importante a aclarar es que parte de las confusiones actuales es que se dice que aquel que no ha hablado en lenguas no ha recibido el Espíritu Santo, quizás basados en el hecho de que en los primeros creyentes muchos de ellos al nomás convertirse hablaron en lenguas. La Biblia nos enseña que el Espíritu Santo es recibido en el momento que aceptamos a Cristo como Salvador y no menciona que necesariamente debamos pasar por algún tipo de manifestación. Dice en Efesios 1:13:
En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa.
Como podemos ver, el Espíritu se recibe cuando creemos, hablemos o no en lenguas. Existen varios ejemplos de creyentes en la Biblia de los cuales no se menciona que hablaran en lenguas. Además, los dones, como hemos estado viendo, son otorgados por el Espíritu Santo de acuerdo a su perfecta voluntad, no pueden ser aprendidos ni los obtendremos necesariamente por pedirlos; así que si el Espiritu Santo solamente ha sido recibido por aquellos que hablan en lenguas, ¿qué deben hacer el resto para obtenerlo?,… esto es totalmente una incongruencia con la Palabra de Dios.
Por último, Pablo dijo en 1 Corintios 14 que estas manifestaciones debían hacerse “decentenmente y en orden”, lo que vemos hoy en día no es decente ni mucho menos en orden…
He aquí un excelente estudio acerca del don de lenguas: http://www.vidaeterna.org/esp/estudios/don_lenguas.htm
El propósito de este post es conocer la verdad acerca de los dones espirituales tal como la Biblia nos lo enseña, de modo que podamos aplicarlos para el beneficio de la iglesia y la gloria de Dios.
martes, 16 de marzo de 2010
martes, 16 de febrero de 2010
La falsificación de los dones. Parte 1
En el post anterior mencionaba acerca de la ignorancia que existe en la actualidad acerca de los dones espirituales; por lo cual, vemos estos dones distorsionados y no de acuerdo a lo que la Biblia enseña. Además, Satanás es un falsificador por naturaleza, falsifica todo lo que Dios hace, tal como la Trinidad, la música, el culto, etc.; pues los dones no son la excepción, y también los falsifica. Miremos a la luz de la Biblia, en que consisten algunos de estos dones espirituales, así como algunas de las falsificaciones que Satanás utiliza.
Dice en 1 Corintios 12:7-10:
Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas.
En este pasaje, se mencionan varios dones espirituales. Miremos primero el don de ciencia o conocimiento. Este don es la habilidad que tiene una persona de conocer o saber ciertas cosas que no hubiera podido hacerlo sino fuera por revelación de Dios. No se refiere a tener mucho conocimiento sobre algo o la habilidad de estudiar y aprender cosas rapidamente o el gusto por estas. Un ejemplo de este don lo vemos en el libro de Hechos en el capítulo 5 cuando Pedro supo por medio del Espíritu Santo que Ananías y Safira le estaban mintiendo. Este don es falsificado por Satanás en lo que conocemos como clarividencia; los clarividentes son comunes hoy en día, incluso se han infiltrado en las iglesias. Dentro de las iglesias pentecostales es común encontrar personas que se paran frente a la congregación y aseguran conocer divinamente las situaciones que están pasando los miembros o algunos de ellos. Generalmente hablan vagamente para que alguno de los miembros relacione su situación con lo que él está diciendo, y así pueda ser engañado y creer que Dios está utilizando a esta persona. No estoy diciendo que no existe la posibilidad que Dios revele conocimiento a algunas personas, claro que es posible, pero hay que tener mucho cuidado con este don y asegurarse que quien asegura tenerlo, lo utiliza con humildad, con un propósito divino, para la gloria de Dios y sin saber exactamente cómo funciona; es decir, que depende de Dios. Además, el conocimiento no debe ser vago, como lo vemos en las iglesias que aparenta más ser como un horóscopo que como algo revelado por Dios.
Aun y cuando algunas personas pudieran en realidad conocer cosas sobrenaturalmente, es importante recordar que no todo lo espiritual es de Dios. En el capítulo 16 de Hechos vemos un ejemplo de una muchacha que tenía la capacidad de conocer algunas cosas sobrenaturalmente, la Biblia nos indica que está capacidad provenía de un espíritu, y un espíritu maligno según se entiende en el griego original; además, Pablo le saca el espíritu, por lo que obviamente no era un buen espíritu. Esto nos enseña que Satanás también puede dar al hombre la capacidad de conocer algunas cosas, por lo que hay que tener mucho cuidado en determinar este don.
Un poco más adelante se menciona el don de sanidades. El don de sanidades que vemos en la Biblia no era un show para llamar la atención o recaudar dinero, vemos en varios pasajes a los apóstoles sanar personas, pero siempre humildemente y dándole la gloria a Dios. Además vemos que ellos no podían sanar siempre que se lo dispusieran, como el caso de Timoteo que padecía de una enfermedad en el estómago. Casi siempre, esta sanación estaba relacionada con la propagación del evangelio; es decir, tenía como propósito alcanzar a otros para Cristo. Hoy en día, lo que vemos es un show grotesco y ofensivo, donde la gloria se la lleva el sanador y toma de payasos a los enfermos haciéndolos caer una y otra vez para levantar las multitudes y mostrar su poder. Dios puede sanar, sana a través de los doctores y también podría utilizar a otras personas para hacerlo, pero no de la forma que lo vemos en las campañas de sanidad, donde los sanadores sanan a su antojo, cuando ellos disponen y donde en la mayoría de los casos, se aprovechan del fanatismo y la euforia de la gente, y no existe una sanidad verdadera.
Si alguien tiene el don de sanidad que vaya a los hospitales y a los centros de niños enfermos y los sane en verdad, llevándoles en primer lugar el evangelio para que puedan ser sanados de lo más importante: sus almas; sin pedir dinero a cambio, sino que sirviéndo a otros con el don que dicen tener y que Dios lo da para el beneficio de los demás y no el propio.
El don de hacer milagros es la capacidad de hacer cosas sobrenaturales debido al poder de Dios. Al igual que el don de sanidad, es un don que se dió mucho en el tiempo del nuevo testamento y su función principal era la de dar a conocer el evangelio en los primeros días de la iglesia. A la gente le llama mucho la atención las cuestiones raras y sobrenaturales, pero quizás el milagro más grande que podemos ver es el de una vida transformada por el poder del evangelio, por alguien que ha aceptado a Jesucristo como su único Salvador y que ha decidido entregarle su vida. Debemos desear más este milagro, que cualquier otra manifestación sobrenatural; pero Satanás nos hace perder la perspectiva, y creer que estas cosas son las que debemos buscar.
Dice en 1 Corintios 12:7-10:
Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas.
En este pasaje, se mencionan varios dones espirituales. Miremos primero el don de ciencia o conocimiento. Este don es la habilidad que tiene una persona de conocer o saber ciertas cosas que no hubiera podido hacerlo sino fuera por revelación de Dios. No se refiere a tener mucho conocimiento sobre algo o la habilidad de estudiar y aprender cosas rapidamente o el gusto por estas. Un ejemplo de este don lo vemos en el libro de Hechos en el capítulo 5 cuando Pedro supo por medio del Espíritu Santo que Ananías y Safira le estaban mintiendo. Este don es falsificado por Satanás en lo que conocemos como clarividencia; los clarividentes son comunes hoy en día, incluso se han infiltrado en las iglesias. Dentro de las iglesias pentecostales es común encontrar personas que se paran frente a la congregación y aseguran conocer divinamente las situaciones que están pasando los miembros o algunos de ellos. Generalmente hablan vagamente para que alguno de los miembros relacione su situación con lo que él está diciendo, y así pueda ser engañado y creer que Dios está utilizando a esta persona. No estoy diciendo que no existe la posibilidad que Dios revele conocimiento a algunas personas, claro que es posible, pero hay que tener mucho cuidado con este don y asegurarse que quien asegura tenerlo, lo utiliza con humildad, con un propósito divino, para la gloria de Dios y sin saber exactamente cómo funciona; es decir, que depende de Dios. Además, el conocimiento no debe ser vago, como lo vemos en las iglesias que aparenta más ser como un horóscopo que como algo revelado por Dios.
Aun y cuando algunas personas pudieran en realidad conocer cosas sobrenaturalmente, es importante recordar que no todo lo espiritual es de Dios. En el capítulo 16 de Hechos vemos un ejemplo de una muchacha que tenía la capacidad de conocer algunas cosas sobrenaturalmente, la Biblia nos indica que está capacidad provenía de un espíritu, y un espíritu maligno según se entiende en el griego original; además, Pablo le saca el espíritu, por lo que obviamente no era un buen espíritu. Esto nos enseña que Satanás también puede dar al hombre la capacidad de conocer algunas cosas, por lo que hay que tener mucho cuidado en determinar este don.
Un poco más adelante se menciona el don de sanidades. El don de sanidades que vemos en la Biblia no era un show para llamar la atención o recaudar dinero, vemos en varios pasajes a los apóstoles sanar personas, pero siempre humildemente y dándole la gloria a Dios. Además vemos que ellos no podían sanar siempre que se lo dispusieran, como el caso de Timoteo que padecía de una enfermedad en el estómago. Casi siempre, esta sanación estaba relacionada con la propagación del evangelio; es decir, tenía como propósito alcanzar a otros para Cristo. Hoy en día, lo que vemos es un show grotesco y ofensivo, donde la gloria se la lleva el sanador y toma de payasos a los enfermos haciéndolos caer una y otra vez para levantar las multitudes y mostrar su poder. Dios puede sanar, sana a través de los doctores y también podría utilizar a otras personas para hacerlo, pero no de la forma que lo vemos en las campañas de sanidad, donde los sanadores sanan a su antojo, cuando ellos disponen y donde en la mayoría de los casos, se aprovechan del fanatismo y la euforia de la gente, y no existe una sanidad verdadera.
Si alguien tiene el don de sanidad que vaya a los hospitales y a los centros de niños enfermos y los sane en verdad, llevándoles en primer lugar el evangelio para que puedan ser sanados de lo más importante: sus almas; sin pedir dinero a cambio, sino que sirviéndo a otros con el don que dicen tener y que Dios lo da para el beneficio de los demás y no el propio.
El don de hacer milagros es la capacidad de hacer cosas sobrenaturales debido al poder de Dios. Al igual que el don de sanidad, es un don que se dió mucho en el tiempo del nuevo testamento y su función principal era la de dar a conocer el evangelio en los primeros días de la iglesia. A la gente le llama mucho la atención las cuestiones raras y sobrenaturales, pero quizás el milagro más grande que podemos ver es el de una vida transformada por el poder del evangelio, por alguien que ha aceptado a Jesucristo como su único Salvador y que ha decidido entregarle su vida. Debemos desear más este milagro, que cualquier otra manifestación sobrenatural; pero Satanás nos hace perder la perspectiva, y creer que estas cosas son las que debemos buscar.
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Dones
viernes, 29 de enero de 2010
La distorsión de los dones
Vivimos en una época donde ser evangélico o cristiano está relacionado con las manifestaciones del Espíritu, las cruzadas de sanidad, maratones, profecías, etc. Son famosos predicadores que se llaman a sí mismos profetas, apóstoles o que sencillamente realizan una serie de milagros en cruzadas especialmente preparadas para esto y que llenan estadios con personas sedientas de contemplar el poder de Dios.
Nos encontramos rodeados de iglesias en las que las "manifestaciones" del Espíritu son el ingrediente principal de las reuniones eclesiásticas; gente saltando, hablando en lenguas extrañas, sanando enfermos; y en algunos casos extremos, vomitando, gimiendo y haciendo otra serie de manifestaciones poco comunes y hasta desagradables. Este tipo de iglesias forman hoy en día la mayoría de las iglesias evangélicas en la región, tanto así, que para algunos no creyentes, “evangélico” es sinonimo de todo esto.
Pero ¿representa todo este “movimiento”, llamado pentecostalismo, el verdadero avivamiento de la iglesia? ¿Son estas manifestaciones correctas y basadas en lo que la Biblia nos enseña?
La iglesia de Corinto en la época de Pablo, era una iglesia que gustaba mucho de los dones espirituales y las manifestaciones de éstos, en ella había habla en lenguas, interpretación, profecía, etc. Pablo les escribe en la 1ra carta a los corintios y los trata como una iglesia carnal e inmadura, no como una iglesia espiritual; les llama la atención con respecto a la distorsión en el uso de dones y les explica algunas cuestiones sobre este asunto. Analicemos a la luz de la 1ra carta a los Corintios, qué son los dones espirituales y su papel en la iglesia:
En 1 Corintios 12:7 la palabra en griego que se traduce como "dones" es la palabra "carismata", de donde viene el vocablo carismático. "Caris" es una palabra griega que significa “gracia” y carismata signfica “dones de gracia”. Los dones del Espíritu, son dones otorgados por gracia, no se ganan ni se aprenden, son otorgados por el Espíritu por Su voluntad y sin que nosotros lo merezcamos. Hoy en día, en algunas iglesias se enseña a hablar en lenguas o a profetizar, lo cual es contrario a la Biblia.
Los dones son dados al creyente para el bien común, para el beneficio de los demás y no el propio como podemos verlo en 1 Corintios 12:7 y en toda la enseñanza a través del libro de Corintios que nos habla acerca de que todos somos un cuerpo. Hemos recibido los dones por gracia y para ponerlos al servicio de los demás, pero lo que vemos en algunas iglesias es que son utilizados para la propia gloria, llenándonos de orgullo por tener cierto don y utlizándolo a nuestro antojo y no según la voluntad del Espíritu Santo. No vemos en la Biblia que Pablo o cualquier otro apóstol llamara a cruzadas de sanidad, porque la sanidad, así como la profecía no eran utilizadas como payasadas o shows públicos para que la gente viera su don, y vanagloriarse, sino que eran utilizados para la gloria de Dios, la expansión del evangelio y el bien común; y cuando el Señor así lo dispusiera, no los creyentes. Si estos “sanadores” de hoy en día tienen el don de sanidad, ¿por qué no van a los hospitales o a los asilos?, ¿Por qué no van a los vecindarios pobres a sanar a aquellos que lo necesitan? ¿Por qué debe hacerse a la luz pública cuando en la Biblia dice “no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha”? Si Pablo podía sanar cuando él quisiera, ¿por qué entonces no sanó a Timoteo, su discípulo amado, sino que le recomienda tomar vino para sus enfermedades frecuentes de estómago (1 Tim 5:23)?
Es cuestión de detenerse un rato a escuchar lo que estas personas dicen en sus prédicas y lo que se ve en este tipo de iglesias; se escucha muy poco acerca del evangelio, de la salvación por Fe, del perdón de pecados, del amor al prójimo; al contrario, la fascinación de sus miembros son los milagros, hablar en lenguas, profetizar eventos futuros, adivinación, actuar raro, y todo tipo de cosas similares a las que se se daban en Corinto. Se da gloria e importancia al Espíritu Santo por encima de Jesucristo, ignorándole a éste en algunos casos; ¿acaso no dice la Biblia que el papel del Espiritu Santo es glorificar al Hijo (Juan 16:13-15)? Dice la Biblia en Colosenses 1:18 que Jesucristo es la cabeza de la iglesia y que en todo tendrá la preeminencia.
Pero quizás la razón más fuerte en la Biblia que nos ilumina y nos hace ver cuán distorsionados están hoy los dones espirituales y cuánta ignorancia existe al respecto; la encontramos en 1 Corintios 13-14. Pablo nos enseña que más importante que los dones es el amor; una iglesia llena del Espíritu, estará llena de amor, no necesariamente de manifestaciones. Y en el capítulo 14 Pablo enseña cómo deben ser estos dones, da una larga y clara explicación. Quisiera enfatizar solamente el versículo 32 y 40: “Y los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas”, “pero hágase todo decentemente y con orden”. Dios es un Dios de orden, lo que vemos hoy en día no es orden, no está ni siquiera cerca de serlo; vemos desorden, relajo, gritos y descontrol. Dice el versículo 32 que el espíritu de los profestas está sujeto a ellos, pero hoy en día pareciera que entre más descontrol mayor espiritualidad; la Biblia nos muestra todo lo contrario, que tenemos un Espiritu de amor, de verdad y de dominio propio. Como dijo el Dr. Adrian Rogers en una enseñanza sobre dones: “a algunos los vemos como pegados al suelo, otros indecentemente expuestos, algunos riéndose maniáticamente y fuera de control, unos rugiendo como leones y otros ladrando como perros”.
El avivamiento de la iglesia no se mide por los dones del Espiritu, sino por los frutos del Espiritu. Jesús dijo “por sus frutos los conoceréis”, no por sus dones. Si queremos ser una iglesia guiada por el Espiritu, busquemos dar fruto en abundancia, llenarnos de amor y gracia y vivir de acuerdo a Su voluntad. En otro artículo hablaremos sobre cada uno de los dones, y las falsificaciones de éstos.
Nos encontramos rodeados de iglesias en las que las "manifestaciones" del Espíritu son el ingrediente principal de las reuniones eclesiásticas; gente saltando, hablando en lenguas extrañas, sanando enfermos; y en algunos casos extremos, vomitando, gimiendo y haciendo otra serie de manifestaciones poco comunes y hasta desagradables. Este tipo de iglesias forman hoy en día la mayoría de las iglesias evangélicas en la región, tanto así, que para algunos no creyentes, “evangélico” es sinonimo de todo esto.
Pero ¿representa todo este “movimiento”, llamado pentecostalismo, el verdadero avivamiento de la iglesia? ¿Son estas manifestaciones correctas y basadas en lo que la Biblia nos enseña?
La iglesia de Corinto en la época de Pablo, era una iglesia que gustaba mucho de los dones espirituales y las manifestaciones de éstos, en ella había habla en lenguas, interpretación, profecía, etc. Pablo les escribe en la 1ra carta a los corintios y los trata como una iglesia carnal e inmadura, no como una iglesia espiritual; les llama la atención con respecto a la distorsión en el uso de dones y les explica algunas cuestiones sobre este asunto. Analicemos a la luz de la 1ra carta a los Corintios, qué son los dones espirituales y su papel en la iglesia:
En 1 Corintios 12:7 la palabra en griego que se traduce como "dones" es la palabra "carismata", de donde viene el vocablo carismático. "Caris" es una palabra griega que significa “gracia” y carismata signfica “dones de gracia”. Los dones del Espíritu, son dones otorgados por gracia, no se ganan ni se aprenden, son otorgados por el Espíritu por Su voluntad y sin que nosotros lo merezcamos. Hoy en día, en algunas iglesias se enseña a hablar en lenguas o a profetizar, lo cual es contrario a la Biblia.
Los dones son dados al creyente para el bien común, para el beneficio de los demás y no el propio como podemos verlo en 1 Corintios 12:7 y en toda la enseñanza a través del libro de Corintios que nos habla acerca de que todos somos un cuerpo. Hemos recibido los dones por gracia y para ponerlos al servicio de los demás, pero lo que vemos en algunas iglesias es que son utilizados para la propia gloria, llenándonos de orgullo por tener cierto don y utlizándolo a nuestro antojo y no según la voluntad del Espíritu Santo. No vemos en la Biblia que Pablo o cualquier otro apóstol llamara a cruzadas de sanidad, porque la sanidad, así como la profecía no eran utilizadas como payasadas o shows públicos para que la gente viera su don, y vanagloriarse, sino que eran utilizados para la gloria de Dios, la expansión del evangelio y el bien común; y cuando el Señor así lo dispusiera, no los creyentes. Si estos “sanadores” de hoy en día tienen el don de sanidad, ¿por qué no van a los hospitales o a los asilos?, ¿Por qué no van a los vecindarios pobres a sanar a aquellos que lo necesitan? ¿Por qué debe hacerse a la luz pública cuando en la Biblia dice “no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha”? Si Pablo podía sanar cuando él quisiera, ¿por qué entonces no sanó a Timoteo, su discípulo amado, sino que le recomienda tomar vino para sus enfermedades frecuentes de estómago (1 Tim 5:23)?
Es cuestión de detenerse un rato a escuchar lo que estas personas dicen en sus prédicas y lo que se ve en este tipo de iglesias; se escucha muy poco acerca del evangelio, de la salvación por Fe, del perdón de pecados, del amor al prójimo; al contrario, la fascinación de sus miembros son los milagros, hablar en lenguas, profetizar eventos futuros, adivinación, actuar raro, y todo tipo de cosas similares a las que se se daban en Corinto. Se da gloria e importancia al Espíritu Santo por encima de Jesucristo, ignorándole a éste en algunos casos; ¿acaso no dice la Biblia que el papel del Espiritu Santo es glorificar al Hijo (Juan 16:13-15)? Dice la Biblia en Colosenses 1:18 que Jesucristo es la cabeza de la iglesia y que en todo tendrá la preeminencia.
Pero quizás la razón más fuerte en la Biblia que nos ilumina y nos hace ver cuán distorsionados están hoy los dones espirituales y cuánta ignorancia existe al respecto; la encontramos en 1 Corintios 13-14. Pablo nos enseña que más importante que los dones es el amor; una iglesia llena del Espíritu, estará llena de amor, no necesariamente de manifestaciones. Y en el capítulo 14 Pablo enseña cómo deben ser estos dones, da una larga y clara explicación. Quisiera enfatizar solamente el versículo 32 y 40: “Y los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas”, “pero hágase todo decentemente y con orden”. Dios es un Dios de orden, lo que vemos hoy en día no es orden, no está ni siquiera cerca de serlo; vemos desorden, relajo, gritos y descontrol. Dice el versículo 32 que el espíritu de los profestas está sujeto a ellos, pero hoy en día pareciera que entre más descontrol mayor espiritualidad; la Biblia nos muestra todo lo contrario, que tenemos un Espiritu de amor, de verdad y de dominio propio. Como dijo el Dr. Adrian Rogers en una enseñanza sobre dones: “a algunos los vemos como pegados al suelo, otros indecentemente expuestos, algunos riéndose maniáticamente y fuera de control, unos rugiendo como leones y otros ladrando como perros”.
El avivamiento de la iglesia no se mide por los dones del Espiritu, sino por los frutos del Espiritu. Jesús dijo “por sus frutos los conoceréis”, no por sus dones. Si queremos ser una iglesia guiada por el Espiritu, busquemos dar fruto en abundancia, llenarnos de amor y gracia y vivir de acuerdo a Su voluntad. En otro artículo hablaremos sobre cada uno de los dones, y las falsificaciones de éstos.
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